En el corredor industrial del Bajío mexicano, la transformación de la manufactura alimentaria avanza a gran velocidad. A finales de marzo de 2026, PepsiCo puso en operación una de sus instalaciones más avanzadas a nivel global en Celaya, Guanajuato, consolidando al país como eje estratégico para su crecimiento en América Latina.
La inversión inicial supera los 467 millones de dólares y forma parte de un programa multianual que contempla destinar hasta 2.000 millones de dólares entre 2025 y 2028. La planta, diseñada para producir 66.500 toneladas anuales adicionales, integra tres líneas de alta eficiencia orientadas a marcas líderes en el segmento de botanas saladas.
Sin embargo, el verdadero diferencial radica en su arquitectura digital. El complejo opera bajo un modelo de manufactura inteligente que combina automatización avanzada, analítica de datos en tiempo real e ինտeligencia artificial aplicada al control de procesos.
El sistema incorpora gemelos digitales que replican virtualmente cada etapa de producción, desde la recepción de materias primas hasta la distribución. Esta infraestructura permite simular escenarios, optimizar rendimientos y anticipar fallas con base en algoritmos predictivos. Sensores IoT distribuidos en toda la planta generan grandes volúmenes de datos que son procesados en torres de control, mejorando indicadores clave como eficiencia energética, rendimiento por línea y reducción de mermas.
El impacto también se refleja en la evolución del empleo industrial. La operación genera alrededor de 210 puestos directos altamente especializados y cerca de 800 indirectos. Los perfiles demandados están vinculados a ingeniería, automatización, análisis de datos y operación de sistemas inteligentes, en línea con la creciente digitalización del sector alimentario global.
En el plano agroindustrial, la instalación fortalece la integración de la cadena de suministro local. La compañía adquiere aproximadamente el 20% de la producción nacional de papa, mientras que cerca del 90% de sus insumos agrícolas provienen de cultivos mexicanos. Este modelo de abastecimiento impulsa economías regionales y mejora la trazabilidad, un aspecto cada vez más relevante ante las exigencias regulatorias y de inocuidad.
El diseño de la planta incorpora soluciones orientadas a sostenibilidad. Entre ellas destacan sistemas de recirculación y potabilización de agua, captación pluvial y el uso de energía solar. Estas tecnologías contribuyen a reducir la huella hídrica y de carbono, alineándose con objetivos globales de descarbonización y eficiencia en el uso de recursos.
En paralelo, la estrategia incluye iniciativas de impacto social. La Fundación PepsiCo México ha fortalecido la logística de distribución alimentaria mediante la donación de infraestructura de transporte a redes de bancos de alimentos en la región del Bajío. Esta acción busca ampliar la cobertura de atención a poblaciones vulnerables, incrementando la capacidad de recuperación y redistribución de alimentos.
La planta de Celaya no solo representa una expansión de capacidad productiva, sino un modelo replicable de transformación industrial en el sector de alimentos y bebidas. La combinación de digitalización, sostenibilidad y fortalecimiento de cadenas locales posiciona a México como un laboratorio clave para la innovación agroindustrial.
Con este movimiento, la multinacional envía una señal clara a los mercados internacionales: América Latina se consolida como una plataforma competitiva para inversiones de alto valor agregado, donde la tecnología redefine la manufactura y abre nuevas oportunidades para el desarrollo del ecosistema alimentario regional.








